Monthly archives: February 2010

Street art y la cultura visual

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*Nick Walker – Manhattan.

La cultura visual es una práctica que tiene que ver con los modos de ver, con las prácticas del mirar, con los sentidos del que llamamos el espectador, el o la que mira o ve. Y el objeto o la cosa que se mira puede o no ser un “objeto de arte”, sino una serie de cosas que son experimentadas por gente en el presente o en el pasado, pero lo cierto es que no hay una frontera hermética que proteja al objeto artístico de otras formas de objetos… Nicholas Mirzoeff.

De la infraestructura tecnológica a la infraestructura pedagógica

457846_21Muy completo el Informe de Evaluación del Programa Pizarra Digital presentado por el Departamento de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón y Microsoft España, y elaborado por la Universidad Autónoma de Barcelona.

El estudio se realizó entre los años 2008 y 2009 (aunque el programa en su fase experimental comenzó en el 2005) en 131 centros escolares de educación pública primaria, y se tomó como referencia la opinión de directivos, profesores, alumnos y familias de Aragón.

Los resultados de la evaluación se analizan a la luz de los objetivos propuestos por el programa, esto es, “elevar la competencia digital de los alumnos al finalizar la escuela primaria… y el componente social, al acercar la sociedad de la información al entorno familiar del alumno”.

Los datos evidencian un aumento de la motivación de los alumnos en la clase, que se traduce en un crecimiento significativo del rendimiento escolar y la adquisición de nuevas competencias. También se incrementó la alfabetización digital de los docentes y la formación permanente, que repercutió en cambios de orden metodológico. Su implementación afectó fundamentalmente materias como matemática y lengua.

“Los docentes consideran que las TIC contribuyeron a incrementar la búsqueda de información, la autonomía personal, la organización y selección de contenidos o la creatividad y el trabajo en equipo”, destaca el informe.

Si bien el grado de desarrollo depende directamente del grado de penetración de las TIC en el aula, lo cierto es que son competencias que no tienen que ver exclusivamente con lo digital en términos instrumentales.

Es evidente que el principal desafío en la implementación de este tipo de programas es modificar la dinámica de enseñanza aprendizaje tradicional, y superar la perspectiva instrumental de las tecnologías a la que se sujeta asiduamente la comunidad educativa. El tiempo de desarrollo de un proyecto y la metodología de implementación es lo decisivo para el programa avance y al final de un proceso considerable dé resultados positivos.

Una tablet pc por alumno abren otras posibilidades. En los dos años en los que trabajé en la implementación de la pizarra digital en la escuelas públicas de la Ciudad de Buenos Aires, las transformaciones que más arriba se mencionan ligadas al programa aragonés, son horizontes lejanos a considerar en la evaluación la realidad escolar porteña. La razón es bien sencilla: una pizarra por escuela es insuficiente para lograr un cambio significativo en la dinámica escolar en lo inmediato. Indefectiblemente el trato que se hace de esa tecnología, es la de un objeto de lujo utilizable por los docentes para una clase “especial” o “complemento” de una propuesta más amplia. (Esto sin desmerecer la importancia que tuvo la pizarra para escuelas que se encontraban en una situación de escasez extrema de lo digital. Ahí las variables de evaluación obviamente que necesariamente son otras).

En definitiva, lo que está en juego es una negociación entre infraestructuras tecnológicas e infraestructuras pedagógicas. Alejandro Piscitelli viene trabajando esa instancia del campo educativo desde hace años. Su último libro, Nativos digitales, profundiza en esa discusión, y se explaya sobre los modelos 1 a 1, proyectos de inclusión digital a masiva que necesariamente pone en jaque las prácticas y estrategias de enseñanza, a la hora de planificar la educación de las nuevas generaciones.

La escuela como tecnología: el factor tiempo

1260566157_804537ce23_mTodo el tiempo se discute sobre el fracaso de la educación en el siglo XXI, y se pone el acento en la necesidad de reformar planes de estudios, programas curriculares, recursos tecnológicos, métodos y estrategias para enseñanza-aprendizaje. Sin embargo, todos estos elementos no son más que piezas de una falencia más estructural, que tiene que ver con la naturaleza y funcionamiento de la máquina escolar.

La escuela en sí misma es una tecnología, que involucra el modo en que administra el tiempo escolar, la disposición de los sujetos en el espacio, la distribución de los saberes, la arquitectura edilicia, los recursos y materiales. Esa tecnología surgió de la necesidad del siglo XIX de adoctrinamiento y control sobre los cuerpos.

Así, el tiempo ocupa hoy un lugar central en el discurso de la comunidad educativa y es vista por sus actores como un problema. Los alumnos creen que la escuela es pérdida de tiempo, que no se aprende nada. Los docentes, por su parte, creen que falta el tiempo para dar todos los contenidos, incorporar nuevos temas, o profundizar los ya existentes. Y el Estado insiste cada vez más en cumplir con el calendario de 180 días. .

Ayer leí el capítulo de Malcom Gladwell en Outliers (Los fuera de Serie) donde habla de casos de éxito en materia educativa, y citaba la Academia Kipp en los ‘90, escuela secundaria pública experimental en EEUU (programa “El conocimiento es poder”) ubidada en el Bronx Sur, con una población de escasos recursos, mitad afroamericanos mitad hispanos. Una de sus características que la diferenció de otras escuelas, fue la extensión del tiempo de clases (extensión del horario diario, semanal y annual) con el objetivo de mejorar el rendimiento escolar.

Para el periodista de la revista The New Yorker, el rendimiento escolar depende del tiempo de dedicación para el aprendizaje. Considera que los 180 días de la educación hoy no son suficientes para lograr buenos resultados (como en cambio sí se da en la cultura asiática con 220 días de clases). El tiempo de vacaciones de verano es demasiado extenso, y ahí es el momento de desfasaje en el aprendizaje, entre chicos de condición social baja y alta, ya que la estimulación dependerá de su contexto familiar. No será lo mismo pasar unas vacaciones con libros de lectura en casa, películas para ver, lugares para conocer, que sin nada de eso.

Más allá de Gladwell, lo cierto es que, en los debates sobre el mejoramiento de la educación, el factor tiempo tiene que ser un elemento clave. Quizás más que extender las horas de clases, sea cuestión de administrar y organizar de otro modo el tiempo existente, y hacer que sea más aprovechable para los docentes y menos aburrido para los alumnos, y dé mejores resultados.

Quizá la clave está también en pensar que la dinámica de la escuela tendría que ir al mismo ritmo del consumo cultural de nuestros tiempos. Y esto no se soluciona con tecnología de última generación, sino con modificar el ritmo y funcionamiento de los mismos engranajes de la máquina escolar.

Ignore everybody

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Ignore everybody se llama el libro de Hugh MacLeod, neoyorquino, artesano del dibujo, artista y marketero. Escribió un manifiesto a la creatividad con 39 claves para (re) descubrir tu talento.

Es super recomendado leerlo en momentos en que estamos pedaleando en el mismo lugar sin poder avanzar, y a la espera de horizontes mesiánicos. Es bien fresco y rápido de leer, aunque la tarea es trabajar y trabajar si queremos explotar nuestra creatividad.

“Everybody has their own private Mount Everest they were put on this earth to climb.”

Pasen por su blog que es su espacio de trabajo.

Bazar de lecturas

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“The hacker attitude is vital, but skills are even more vital…” [Eric Raymond]

En enero estuve pivoteando entre varios libros, todos ensayos, algunos clásicos que tení­a pendientes leer, y otros más recientes sobre cibercultura, rescatados en su mayorí­a, de la increí­ble y super recomendable librería neoyorquina Barnes & Nobles.

Uno es The Cathedral and The Bazaar de Eric Raymond, una reedición del 2001, pero el original es de 1997. El autor es un hacker que historiza y revela el ecosistema de la cultura libre. Es un gran libro, por no decir, la biblia para entender cómo las nuevas formas de organización del trabajo en la red, trasladable a otros campos de lo social.

Los términos la Catedral y el bazar que dan nombre al tí­tulo, hacen referencia a dos modelos de desarrollo de software, que se desprenden a partir de la experiencia Linux a principios de los años ’90 de la mano de Linus Torvalds.

El modelo catedral ligado al desarrollo del software propietario, nace de un grupo de programadores que, a puertas cerradas y de manera centralizada, lanzan al mundo un software.

Y el modelo bazar, en cambio, responde a un desarrollo abierto, distribuido y descentralizado. Se pone el código a disposición de los usuarios, potenciales hackers capaces de detectar errores y mejorar el software. Las mejoras del sistema, a diferencia del otro, se ven de manera permanente.

El sociólogo norteamericano Richard Sennet está pensando también en el hacker y el modelo desarrollado por la comunidad open source, cuando revaloriza el trabajo artesanal.

En The craftsman -otro de los libros que más disfruté leer por la batería de conceptos y autores que rescata en un solo volumen-, en la cultura capitalista de corte industrial, la producción masiva posibilitada por la máquina, desprestigió el trabajo manual, sinónimo de atraso, y al prejuicio de que en el pensar no intervenía en el hacer.

Sin embargo, para Sennet, hoy vuelve a tomar centralidad y a dar buenos resultados ese saber tácito que son las habilidades, el saber hacer, y donde hay también necesariamente reflexión, compromiso, autonomí­a. Renace la cultura del garage, del taller, lo experimental y la colaboración alimentada del geekismo. Como el hacker, el artesano necesita de la motivación y el aprendizaje para mejorar sus habilidades.

*La imagen del post fue tomada en las calles de Chelsea.