Provocación

No puedo dejar de pensar en la palabra provocación cuando estoy en Puerto Madero frente a esa cantidad de edificios con fachadas de vidrios y acero. Arquitectura desafiante que Baudrillard identificó, en La violencia del mundo, como propia de un capitalismo competitivo donde la especularidad asegura la referencia permanente al original.
Puerto Madero desarma a partir de la década del 90 la idea de progreso del capitalismo industrial, desarma el referente simbólico de una época, la base nodal de conexión con el mundo. Se sirve de la misma base para asentar la nueva red financiera, aunque las redes serán reconfiguradas en un mapa que no tiene más que ver con el territorio. Lo territorial funciona más como una cuestión simbólica que material.
El martes comencé un seminario de tres días, en
Vengo de ver Cómo celebré el fin del mundo, una película del director rumano Catalin Mitulescu que trabaja con dos productores de lujo detrás como Wim Wenders y Martin Scorsese.








