Lima pirateable

El Perú es Lima y Lima es Polvos Azules. ¿Qué? ¿Polvos Azules? ¿Materia del cosmos? Puede ser. ¿Sedimento de cuerpos celestes, polvos azules? Hay millones de polvos azules que bañan, con su luz sideral, los agujeros negros. Agujeros negros de mi ciudad gris. “Sí, porque la vida tiene tonalidades de grises”, dijo un lector de Coelho. “La ciudad más triste”, completó, mucho antes, Melville. A Lima, en esa pantonera de tristezas, de cosas que pudieron ser pero no fueron, le tocó la más fea. Ciudad triste y gris, y tanto peor cuando nos vamos acercando, por la Vía Expresa, al Centro de Lima. Ahora mire usted, copiloto estresado, hacia la derecha y hacia arriba. Allí donde el cielo pierde su nombre se levanta, decidido a todo, Polvos Azules. Lima, decía, es Polvos Azules. Ubíquese bien. Polvos Azules es el Perú. Sigue leyendo.

Esto lo dijo Daniel Titinger, anfitrión de la expedición del sábado al templo de la piratería Polvos Azules: aterrizaje forzoso del turismo limeño para conocer el núcleo duro de su contemporaneidad.