Bazar de lecturas
“The hacker attitude is vital, but skills are even more vital…” [Eric Raymond]
En enero estuve pivoteando entre varios libros, todos ensayos, algunos clásicos que tenía pendientes leer, y otros más recientes sobre cibercultura, rescatados en su mayoría, de la increíble y super recomendable librería neoyorquina Barnes & Nobles.
Uno es The Cathedral and The Bazaar de Eric Raymond, una reedición del 2001, pero el original es de 1997. El autor es un hacker que historiza y revela el ecosistema de la cultura libre. Es un gran libro, por no decir, la biblia para entender cómo las nuevas formas de organización del trabajo en la red, trasladable a otros campos de lo social.
Los términos la Catedral y el bazar que dan nombre al título, hacen referencia a dos modelos de desarrollo de software, que se desprenden a partir de la experiencia Linux a principios de los años ’90 de la mano de Linus Torvalds.
El modelo catedral ligado al desarrollo del software propietario, nace de un grupo de programadores que, a puertas cerradas y de manera centralizada, lanzan al mundo un software.
Y el modelo bazar, en cambio, responde a un desarrollo abierto, distribuido y descentralizado. Se pone el código a disposición de los usuarios, potenciales hackers capaces de detectar errores y mejorar el software. Las mejoras del sistema, a diferencia del otro, se ven de manera permanente.
El sociólogo norteamericano Richard Sennet está pensando también en el hacker y el modelo desarrollado por la comunidad open source, cuando revaloriza el trabajo artesanal.
En The craftsman -otro de los libros que más disfruté leer por la batería de conceptos y autores que rescata en un solo volumen-, en la cultura capitalista de corte industrial, la producción masiva posibilitada por la máquina, desprestigió el trabajo manual, sinónimo de atraso, y al prejuicio de que en el pensar no intervenía en el hacer.
Sin embargo, para Sennet, hoy vuelve a tomar centralidad y a dar buenos resultados ese saber tácito que son las habilidades, el saber hacer, y donde hay también necesariamente reflexión, compromiso, autonomía. Renace la cultura del garage, del taller, lo experimental y la colaboración alimentada del geekismo. Como el hacker, el artesano necesita de la motivación y el aprendizaje para mejorar sus habilidades.
*La imagen del post fue tomada en las calles de Chelsea.
