El Otro según Occidente
Entre el repertorio de autores que forman parte de los ensayos de Eduardo Grüner reunidos en el libro La cosa política o el acecho de lo Real, tienen lugar los teóricos de los estudios poscoloniales como Edward Said, Hommi Babbha, y los de la escuela sistema-mundo como Wallerstein y Samir Amin.
En el capítulo Los restos del pasado y la memoria del futuro abre una serie de preguntas en pos de dilucidar la “materialidad” del actual poder “globalizado”, e incluso el intento de construcción de un poder alternativamente globalizado, con lo cual la cuestión nacional desaparecería rápidamente.
Lo que allí plantea son una serie de interrogantes en torno a la tan nombrada idea de globalización. Porque a pesar de la “mundialización capitalista” las naciones, el estado y su aparato administrativo, represivo e ideológico no han desaparecido todavía y se han reforzado aún más. De hecho, tomando a Samir Amin afirma que la globalización no alcanza al mercado de trabajo, ya que el sistema mundial necesita mantener diferencias nacionales para la extracción de plusvalía. En todo caso, la mundialización capitalista, crea nuevas tensiones nacionales alterando la relación centro periferia, donde lo nacional sigue siendo funcional al sistema.
Grüner reconoce que el sistema demanda respuestas y acciones globalizadas, pero también considera que poner el peso solo en la globalidad, es quedarse quizás en la vereda del discurso dominante. Las grandes cuestiones de lo político deben plantearse en cambio, en el plano nacional y en el mundial al mismo. O acaso, “los gobiernos nacionales, elegidos en elecciones nacionales y sostenidos (o no) por fuerzas armadas y de seguridad nacionales ¿nada tienen que ver con la aplicación de esas decisiones mundiales?” ¿No se corre aquí el peligro de olvidar, en cierto modo las responsabilidades locales en nombre de la “mundialización” de la lucha?
Ahora bien, en su crítica a la idea de globalización, toma los estudios pos coloniales y su preocupación por las distintas maneras en que históricamente las ideologías dominantes de Occidente han construido una imagen del mundo no-occidental, que de hecho ha sido funcional a esas mismas ideologías racionalizadoras del poder. Cita a Edward Said, y su trabajo sobre el orientalismo, quien considera la constitución del Otro como una construcción de Occidente. Es decir, que Occidente se construye a sí mismo, construye su propia imagen por medio de la construcción de esa otredad.
Y esto mismo ocurre ya con los griegos, quienes en el esfuerzo de separar el mythos del logos, y reforzando la superioridad del segundo frente al primero. Es aquí donde comienza esta recurrente operatoria de la cultura occidental, de construir una otredad para afirmarse como discurso dominante. Grecia comienza haciendolo borrando los aportes que recibe de las culturas orientales en el proceso de racionalización del mundo.
Ahora bien, con la colonización europea se naturaliza el lugar de Occidente como “centro” del mundo. Europa se reserva el privilegio de la razón y la incorporación de las otras culturas “arcaicas” al nuevo sistema- mundo (en el sentido wallersteiniano).
El capitalismo absorve al no-capitalismo, lo cual no significa la desaparición de otros modos de producción diferentes del capitalismo, sino su utilización toda vez que fuera necesario la explotación de la fuerza de trabajo local.
El capitalismo - agrega Grüner-, y a nivel mas general Occidente, es lo que es gracias a la explotación de lo que mas tarde dio en llamarse Tercer Mundo. Sólo que este hecho fue renegado por Occidente.
“Este proceso de absorción -continua Grüner-, y simultánea creación, de una “otredad” que le ha permitido a Occidente…naturalizarse como la civilización mundialmente dominante, y hoy se continúa bajo nuevas formas en la llamada “globalización”, sin dudas ha alterado de manera fundamental el mapa del mundo. No sólo la economía, sino la cultura, la tecnología y hasta cierto punto la política y la Ley, se nos dice, tienden a mundializase y homogeneizarse”
El texto sigue introduciendo ricos aportes para pensar la cuestión nacional. Pero nosotros, aquí nos quedamos por ahora, aunque con el pensamiento de Grüner seguramente nos volveremos a topar.




