El concepto de “transmisión” tiene dificultades de reinstalarse en el campo de la educación, y en el interior de las instituciones educativas. Asistimos a un reconfiguración de los vínculos sociales, una distancia aparentemente insalvable entre las generaciones venideras y las que la anteceden. ¿Esto es así?
La clave es repensar cómo pensamos la “transmisión de la herencia cultural”. Si pensamos la herencia como una totalidad, un bloque sin fisuras que hay que conservar o restaurar estamos fritos. Que hay un vacío, y que ese vacío responde una ausencia de representaciones, o mejor dicho, a una ausencia de las grandes representaciones del mundo, es verdad. Que haya un vacío no significa que no haya nada, sino en todo caso, que lo que hay, son fragmentos de una totalidad perdida.
Ahora bien, el vacío también es una oportunidad. Oportunidad para construir a partir de los fragmentos. Las partes y el todo conviven. ¿Cómo se transmiten y cómo se aceptan herencias no lineales?

La transmisión como organización de la herencia
La película Good bye Lenin (2003) del director alemán Wolfgang Becker, nos proporciona claves sobre cómo pensar la transmisión como la oportunidad de recomponer la herencia a partir de los framgentos. El vínculo de amor de un hijo a su madre abre la posibilidad de re-inventar la herencia, de encontrar un sentido a su historia familiar, al ser en el mundo, en un momento en el que las instituciones atraviesan una profunda crisis.
Las reflexiones están traccionadas por diversos autores del campo de la pedagogía, el psicoanálisis y la semiótica que aportarán elementos para el análisis de la lectura de la obra cinematográfica.
Good Bye Lenin comienza en Berlín de 1989, en la República Democrática Alemana, meses antes de la caída del Muro de Berlín. Es la historia de una madre con una activa participación en el Partido Socialista Unificado, que entra en coma luego de ver a su hijo Alex en la calle manifestándose con otros jóvenes, siendo reprimido y arrestado por la policía local. Durante ocho meses la madre está dormida en el hospital, mientras afuera caía el muro, y penetraba el capitalismo occidental en la Alemania del Este. El desarrollo de la historia se tensiona cuando la madre despierta, y su delicado cuadro clínico no puede ser afectado por el impacto de ninguna noticia que represente cambios dramáticos en sus estabilidad psicológica y emocional. El fin del Estado Socialista es una ruptura que su hijo decide no puede conocer en su estado de salud.
Con el objetivo de que la madre se recupere, Alex monta una ficción que termina siendo el relato sobre su identidad. Reforma la habitación de la madre en la casa familiar, y vuelve a ambientarla tal y como estaba previo a la amnesia. Mientras afuera el mundo cambiaba a la velocidad del capitalismo, en el hogar se había creado un micromundo donde se respiraba el pasado detenido. La mentira ideada por Alex se convierte en una gran ficción a medida que se suman al montaje gente del entorno familiar y afectivo. La hermana mayor de Alex, los vecinos, amigos de Christiane Kerner sus alumnos de canto, y un amigo de Alex, compañero de trabajo que se prestó a montar una parafernalia mediática para darle sentido al relato doméstico sobre la continuidad socialista en Alemania: crean un noticiero televisivo para contarle las noticias de un régimen vigente solo para ella. Afuera gobernaba el cambio.
A medida que la madre recupera la salud, la farsa se vuelve más difícil de ser sostenerse en el tiempo. Aparecen indicios que generan cada vez más dudas sobre los acontecimientos. En una de las salidas a la calle -mientras su hijo estaba dormido- la desconcierta el movimiento del barrio, autos en venta, gente mudándose, publicidades en la calle, y lo más importante, el monumento de Lenin que la despide siendo trasladado en un helicóptero por la avenida Karl Marx Allee. Es el momento en el que sobreviene un nuevo infarto que demora la definitiva recuperación.
Para esta segunda etapa, y con la idea de cerrar una historia con final feliz, que los una definitivamente, Alex convoca a su padre (que lo abandonó en la infancia) para que visite a su madre, y al cosmonauta germano-oriental Sigmund Jahn -su ídolo de la infancia-, devenido en taxista, para que participe de uno de sus noticieros montados. En la emisión se lo anuncia como el nuevo presidente de los alemanes, luego de la caída de Honecker, y se convertirá en el símbolo de la reunificación alemana, siempre según la ficción mediática que le prescribe este hijo a su madre para que pueda volver a recuperarse.
La transmisión en acción: entre la herencia y la transformación
La herencia no es algo dado, es siempre una tarea[1]. El problema se plantea en qué hacer con ella. Si la aceptamos, si renunciamos, si la “editamos”, como hace el joven para su madre socialista.
Alexander decide cómo interpretar la herencia que la situación le plantea. Define que su rol es combatir o, al menos, suspender, el vacío que la transformación social y política exterior podrían representar para su madre. Decide ocupar el lugar de sostén familiar, de darle “holding”[2] a su madre, para que pueda recuperar su salud y mucho después el sentido de su vida, que ella todavía no sabe que ya perdió. Y que, en definitiva, es también el sentido de la vida de su hijo. Una política que se traduce para ellos en la visión de la institución familia y su relación con el entorno donde viven.
La transmisión se encuentra siempre “entre una herencia y la habilitación para transformarla”[3]. La transmisión es el transporte en el tiempo de un esfuerzo de interpretación del pasado, de hacer que devenga en otra cosa. El temor de las viejas generaciones es que se corte la cadena, que no quede por transmitir a las generaciones venideras.
La amnesia de la madre de Alex es una tragedia convertida en posibilidad para generar nuevos sentidos a la historia familiar. Se abre una oportunidad para homenajearla por haber sido la arquitecta de una educación basada en los valores del socialismo, en el amor al prójimo, en la solidaridad con el otro. Y la forma de evitar lo inevitable, la pérdida de valores socialistas con la llegada de las ideas capitalistas fue el motivo que encontró Alex para unirse al olvido de su madre y fabricar una mentira que la protegiera y que, en definitiva, lo resguarde a él y a sus sueños también.
La transmisión no se produce en cualquier tiempo. Se despliega en los “tiempos de las instituciones, de los sujetos, de los que transmiten y de los destinatarios y, por lo tanto, es un encuentro, un desencuentro, a veces un choque, de deseos, de racionalidades y de irracionalidades.” [4]
La idea de transmisión, como la de herencia, en el film de Wolfgang Becker, son explícitas. Alex convive con el desafío de lograr que la herencia no sea sólo eso, es decir, que no sea solamente herencia: volverla presente y darle proyección a futuro. No sólo un conjunto de ideales. Alex necesita que esos ideales que su madre le heredó, estén a los ojos de ella, en aparente funcionamiento en el exterior. Para ello, se sirve, literalmente de toda clase de mecanismos de transmisión en tiempo presente: el noticiero que produce, las personas que permite visitar a su madre, los objetos a los que le da acceso, etc., son todos parte de una transmisión que Alex construye con la misión de ayudar a su madre, pero también, como sugiere la película, con la inenarrable tarea de explicarse a sí mismo por qué él comulga con esa herencia.
Toda realidad es una representación
En la transmisión siempre hay algo que se pierde. La transmisión por definición es fragmentaria, como lo plantea Graciela Frigerio en el textoLos avatares de la transmisión[5] se debe renunciar a una pretensión de totalidad. Siempre hay algo que no es transmisible. Lo importante es cómo se resignifica el resto, lo que queda.
En la película la ideología socialista como el capitalismo son representadas mediante fragmentos. Los fragmentos son recuperados a través de una retórica visual. Los “tropos” le dan más fuerza a la transmisión.
Para Umberto Eco, en el registro visual del nivel tropológico se utilizan los tropos o figuras retóricas en analogía al registro verbal. “El tropo puede ser inusual y revestir un valor estético, o bien puede ser una traducción visual exacta de la metáfora que ha pasado al uso común, hasta el extremo que resulta inadvertida. Por otra parte, el lenguaje publicitario ha introducido tropos típicos en la comunicación visual que difícilmente pueden relacionarse con los tropos verbales preexistentes”. [6]
En Good Bye Lenin son muchos los tropos o figuras metonímicas que le dan fuerza a la transmisión de una ideología. Por ejemplo, el pepino Spreewald producido por el Estado socialista, o la Coca Cola símbolo del mercado capitalista, o las antenas parabólicas, que significan la llegada de la televisión de masas, o la figura de Lenin que es el símbolo del marxismo revolucionario en el siglo XX, o el auto Trabant, que remite al vehículo por antonomasia del proletariado de Alemania del Este.
Finalmente, la mamá cae en cuenta de la ficción montada por su hijo. El médico estaba equivocado y Alex también. Ella podía tolerar y procesar la noticia de la caída del socialismo. Lo que probablemente no podría haber tolerado es que su hijo lo herede sus valores. En la película, sobre el final, ella se da cuenta de que todo era un invento, menos lo único esencial para una madre: lo que era verdad es que su hijo aceptaba su herencia. Por su puesto, reorganizándola de acuerdo a sus posibilidades generacionales y sabiendo en qué tipo de mundo le tocaría vivir. Como ha señalado Regis Debray: “Transmitir es organizar, es constituir un territorio: solidificar un conjunto, trazar fronteras, defender y expulsar”.
La herencia para Alex, a los ojos de su madre, no era la vigencia y funcionamiento del Estado de la Alemania Socialista. Eran, sí, los valores que suponía el socialismo y que le dio sentido al contexto de su familia. Regis Debray [7] ha señalado con la misma contundencia que Good Bye Lenin expresa en todo su argumento narrativo: Transmitimos para que lo que vivimos, creemos y pensamos no muera con nosotros. Christiane Kerner podría haber muerto. El socialismo ya no tendría futuro en esa nueva Berlín. Pero los valores quedaban vivos con Alex, quien los sostuvo a fuerza de retórica y ficción para la recuperación de la salud de su madre, pero sobre todo, quizá sin saberlo, como producto de la herencia para él mismo y su identidad.
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Notas
[1] Derrida, Jacques (1998). Los expectros de Marx. Editorial Trotta. España.
[2] El concepto corresponde al psicoanalista Donald Winnicott.
[3] Diker, Gabriela (2004). Y el debate continúa. ¿Por qué hablar de transmisión?. En La transmisión en las sociedades, las instituciones, los sujetos. Centros de Estudios multidisciplinarios. Noveduc. Buenos Aires
[4] Eduardo Corbo Zabatel (2004). “Imposturas de la transmisión. Una experiencia en los bordes de la polis.” En La transmisión en las sociedades, las instituciones, los sujetos. Centros de Estudios multidisciplinarios. Noveduc. Buenos Aires.
[5] Frigerio, Graciela (2004). Los avatares de la transmisión. En La transmisión en las sociedades, las instituciones, los sujetos. Centros de Estudios multidisciplinarios. Noveduc. Buenos Aires.
[6] Eco, Umberto (1994). La estructura ausente. Editorial Lumen, España.
[7] Debray, Regis (1997). Transmitir. Editorial Manantial, España.
