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Hilvanando impresiones

Nuevos medios, tiempo y espacio escolares

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En los últimos cuatro años participé en proyectos de inclusión y alfabetización digital que pusieron en marcha organismos ministeriales a nivel nacional, provincial y regional. En varios de ellos, tuve oportunidad de recorrer escuelas, trabajar con directores, docentes y alumnos y colaborar en la tarea de integrar las TIC en las prácticas escolares. Las actividades organizadas en ese momento fueron varias: organizar dispositivos de capacitación en habilidades digitales, asesorar en proyectos pedagógicos para la integración de TIC, acompañar a los docentes en su trabajo en el aula, organizar talleres de producción digital con docentes y alumnos, etc.

En estas experiencias me fui conectando con lo que hoy constituye mi interés de investigación, esto es, cómo se [re]organiza el tiempo y espacio en la escuela con la llegada de medios digitales.

En distintas conversaciones con los actores de las instituciones educativas, -donde el tema en cuestión era la pertinencia del uso de los medios digitales en la escuela- el factor “tiempo” siempre tenía un lugar predominante en la justificación. Era asociado a un bien escaso, a un recurso difícil de gestionar, o bien a algo ventajoso y flexible, siempre relacionado a la presencia de las tecnologías digitales en las actividades escolares.

Docentes y directivos ven que falta tiempo para su formación en las nuevas tecnologías, o para incorporar las tecnologías en la práctica, o bien falta tiempo para buscar y preparar materiales digitales educativos para las clases.

Se menciona también cierta flexibilidad que adquiere el tiempo escolar con la presencia de las tecnologías dentro y fuera de la escuela. Esto si bien lo ven como una oportunidad para sostener la comunicación fuera del tiempo de clase a través del correo electrónico o plataformas virtuales de trabajo, también lo ven como un tiempo extra -no remunerado- que deben utilizar para sostener ese intercambio.

Para los jóvenes, en cambio, el uso de las tecnologías en el aula acorta el tiempo de realización de la tarea educativa: “ahorramos tiempo”, “hacemos todo más rápido”. Las referencias al tiempo son en términos de ganancias.

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En otro momento tuve la oportunidad de participar del diseño de un proyecto de alfabetización digital para un ministerio de educación provincial. La base de este proyecto era la implementación del modelo de “aulas móviles” (un carro con computadoras que funciona como un modelo 1a1 por demanda) en escuelas públicas primarias. Para la implementación de este modelo y para garantizar el impacto en la población destinataria, se utilizó la variable tiempo como clave para el “éxito” del proyecto.

En este sentido, la distribución de carros con 30-40 computadoras por escuela (variable según la matrícula), requirió armar dispositivos que involucraran los equipos de conducción, que incluyera asistentes técnicos pedagógicos, y que contara con capacitación docente, para asegurar una mejor gestión del tiempo de uso de las computadoras en la escuela, y un mejor aprovechamiento del recurso en el aula.

En relación al espacio, también constituye un tema recurrente de las conversaciones con directivos o personal de la escuela. El espacio escolar es algo que está en permanente revisión y adecuación, ya que no se ajusta a las necesidades de nuestro tiempo. En conversación con directores es muy frecuente que refieran al desconocimiento que se tiene de las condiciones de las escuelas a la hora de implementarse políticas públicas orientadas a la incorporación de las tecnologías en las escuelas. Para graficarlo de una manera que se entienda: un ministerio de educación compra pizarras digitales para las escuelas (¡una pizarra por escuela!) y cuando los técnicos llegan a la institución ocurren distintas cosas, que no hay un espacio para colocarla, o que hay un espacio pero la pared donde va a ser colocada no reúne las condiciones necesarias, o bien cuando se logró colocarla es dificil pensar el lugar como un espacio de trabajo para docentes y alumnos. En fin, miles de situaciones como éstas, surgen cuando se ponen en marcha proyectos de innovación tecnológica.

Con el modelo laboratorio -para mencionar otro de los problemas existentes más allá del paulatino cambio a los modelos 1a1- las escuelas no cuentan, o cuentan relativamente, con asistencia técnica de los equipos informáticos. Esto hace que carguen con importantes cementerios de computadoras sin usar en algún lugar del edificio escolar. Son equipos que muchas veces no se pueden tirar porque están inventariados como patrimonio de la escuela, pero tampoco se pueden recuperar o reciclar porque no hay recursos disponibles para hacerlo.

Con las computadoras personales, surgen nuevas preocupaciones, como la necesidad de adecuar la infraestructura del aula a los nuevos requerimientos tecnológicos. Se abren nuevas formas de gestionar el espacio de la escuela y aparecen novedosas rutinas de uso de esos espacios. Se habitan más las aulas, incluso en los recreos, se ocupan más los pasillos, o se habilitan nuevos espacios de la escuela que no eran suficientemente utilizados.

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En el año 2010 trabajé como docente en un colegio secundario público peruano donde se implementaba el modelo uno a uno. Ahí tuve oportunidad de observar participando, de los cambios que trajeron las tecnologías en el aula. Estas no estaban preparadas, en un comienzo, desde el punto de vista de su infraestructura para alojar semejante cantidad de computadoras, y en consecuencia, el escenario cotidiano del aula era bastante caótico cuando los equipos estaban en pleno funcionamiento.

En esta experiencia tuve que trabajar mucho en cómo [re]organizar el tiempo y espacio del aula con el uso de las tecnologías. Fue todo un aprendizaje conocer las formas de organización espontánea que se perfilaron entre los alumnos. Se crearon redes de trabajo e intercambio de know how que convivían con las formas de comunicación más “estandarizadas” en un aula. Uno se encargaba de quitar los virus de las máquinas, otro de bajar por las noches los vídeos para la clase del día siguiente, otro de tomar los apuntes de clase para compartirlos, otro de gestionar la carga de las netbooks durante el tiempo de clase.

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Por último, otra de las experiencias en relación este tema, fueron las intervenciones que realizamos el año pasado en las escuelas secundarias que funcionaban bajo el modelo uno a uno, donde se llevó adelante una investigación que buscaba explorar la emergencia de los nuevos espacios de aprendizaje. En esta oportunidad, a través de una metodología de diseño participativo se trabajó con estudiantes en el diseño del “aula del futuro”. En esta experiencia, que sumó las intervenciones de especialistas pedagogos y arquitectos en el tema, fue una oportunidad para instalar el tema en las propias instituciones escolares y también para abrir nuevas líneas de trabajo para las políticas públicas que se llevan adelante en materia de innovación educativa.

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Estas impresiones desordenadas formuladas en este post, tienen la intención de rastrear la base de mis preocupaciones actuales que son objeto de mi investigación. Esto significa que a lo largo de los meses que siguen estaré trabajando en la relación entre los nuevos medios y la “gramática” escolar, con especial foco en la dimensión ESPACIO Y TIEMPO. Esto significa ir comentando el recorrido teórico que acompañarán el trabajo de campo. Hasta pronto.

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