La importancia del retrato

Ayer hablábamos de la fuerte presencia de las imágenes en el barroco hispánico. Recordé que hace un mes atrás fui al Palais de Glace a ver la muestra de Fotoperiodismo donde exibían 320 imágenes tomadas entre los años 2004 y 2005, y que iban desde Cromagnon, pasando por el boxeo, hasta fotografías del mundo del espectáculo.
De todas, la que mas me impactó fue una de Jorge Sanz de Bolivia con fecha 16 de junio de 2005. En ella, los empleados del Palacio de La Paz están retirando un cuadro del Mariscal de Santa Cruz, quien fuera presidente de este mismo país entre 1829 y 1839.
No tenemos demasiados datos sobre el motivo del retiro del cuadro. Sólo podemos decir que el 2005 fue bastante crítico para Bolivia, de fuerte crisis política a raíz del problema de gas. Y lo que sabemos también es que el presidente Carlos Mesa, quien había colocado en el palacio del gobierno el retrato del Mariscal pintado por Gastón Ugarte, renuncia el 6 de junio de ese mismo año. Con lo cual suponemos que su sucesor, Eduardo Rodríguez Veltzé, fue probablemente quien mandó a retirar el retrato. Pero es sólo una suposición de lo más infundada.
Paralamente recordé la imagen que recorrió el mundo, de Bendini subido a la escalerita descolgando los cuadros de Videla y Bignone del Colegio Militar, acción que se encuadra dentro de una política del gobierno kirchnerista a favor de los derechos humanos.
Si bien, las dos imágenes referenciadas tienen conotaciones diferentes. Una la de un líder revolucionario del siglo XIX que participó en las luchas independentistas del Alto Perú. Y los otros dos, son personajes nefastos de la historia argentina, responsables de la desaparición y asesinato de miles de personas en los años 70.
De cualquier manera, lo que me interesa destacar es la importancia que tienen las imágenes para el poder político.
Los retratos fueron un recurso muy utilizado en el período barroco por la monarquía española, en tanto aseguraban la presencia del poder político, de la jerarquía, y también aseguraban su presencia en el futuro, como una forma de inmortalizarse, de dejar sus huellas en la historia.
Esta práctica se llevó a cabo durante mucho tiempo, en pinturas al óleo y luego en fotografías. Con lo cual quitar esos retratos vienen a significar una “limpieza”, una “lavada de cara” a la política, quitándole legitimidad a figuras que tuvieron una fuerte presencia en la historia de los respectivos países.