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La inutilidad de la tecnología sin el plugin de la afectividad

Por lo general los programas de capacitación docente en TICs, oscilan entre dos enfoques distintos: una visión instrumentalista de la tecnología cuya finalidad es la de la formación de operarios de hardware y software, y por el otro, una propuesta más constructivista con objetivos centrados en lo pedagógico de tal manera que las acciones tienen que encuadrarse dentro de un proyecto curricular.

Ahora, qué sucede cuando los educadores de una institución no tienen el hábito o la experiencia de comunicación a través de las nuevos medios. Qué hacemos con esos usuarios “inexpertos”, que todavía no han incorporado internet desde la afectividad, como herramienta de comunicación con su entorno, y mucho menos para el uso pedagógico.

Los que trabajamos en el terreno, sabemos que aquello que nos ha posibilitado tener mayor receptividad en las escuelas en materia tecnológica, es cuando los ayudamos a un docente, administrativo o directivo en cuestiones muy puntuales como: bajar a la pc la foto de su nieta, enseñarles cómo ver una presentación de su colega, chatear con su hijo, a buscar su casa en google earth.

Estas acciones cotidianas, invisibles a los ojos de evaluaciones y resultados esperados, quedan disueltas en un inventario de anécdotas en letra chica, cuando en realidad son experiencias muy valiosas y que tendrían que ser prioritarias para un programa de inclusión digital. Lo estríctamente pedagógico no tiene sentido, si primero no fomentamos experiencias en red de trabajo afectivo.

Una justicación a la importancia de la afectividad, la encontramos en una experiencia cercana y existosa como es Facebook. Una comunidad de millones de personas con una disparidad importante de trayectorias en internet, y que sin embargo, reúne tanto, a los que tienen unos años de experiencia en ese medio, y a los recién llegados, donde se mezclan todos: los de amigos de la facultad, los del trabajo, familiares, colegas, amigos.

Y si nos queremos ir más atrás con la idea de “afectividad”, cuando empezaba a tomar fuerza en nuestro país a partir del 2000, con las lecturas de Imperio de Negri y Hardt en espacios académicos y movimientos sociales, o con el Proyecto Venus de Roberto Jacoby. Éste era un protofacebook ceñido a las fronteras del arte, una red de personas que compartía perfiles, donde el conocimiento y las habilidades, no eran más importante que la afectividad o las “tecnologías de la amistad”.

Estos fueron indicios de una nueva forma cultural que fue tomando más cuerpo en la primera mitad del siglo XXI, y a partir de ahi, sabemos que lo urgente es abrir las fronteras discursivas de lo pedagógico, para hacer de la pedagogía un programa de acción, a partir del cual, los desconectados puedan encontrar en las tecnologías formas de conexión con el entorno y traducirlas en experiencias de aprendizaje.