Lo humano en la cibercultura
El martes comencé un seminario de tres días, en Espacio Fundación Telefónica, con varios invitados de lujo a cada una de las conferencias.
Abrió el ciclo Margarita Schultz, doctora en Filosofía de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, quien presentó su último libro El factor humano en las ciberculturas, cuyo título dió nombre al ciclo.
Básicamente su planteo aborda el problema del hombre y la máquina, y qué cosas se ponen en cuestionamiento cuando aparecen las nuevas tecnologías. Los límites de lo humano, la creatividad artística, la autonomía de los comportamientos humanos, son algunos de los temas que según ella emergen a partir del desarrollo tecnológico.
Propone salir finalmente de la dicotomía que Eco planteaba en los años 80 de apocalípticos e integrados. Por el contrario, cree en la posibilidad de una integración crítica, es decir, una forma de apropiarse críticamente del sistema.
Analiza puntualmente los desarrollos de la robótica, y en cómo la presencia del factor androide vienen a renovar el sentido de lo humano. Sobretodo teniendo en cuenta que la inteligencia artificial está buscando lograr en los robots funciones empáticas.
Trajo el ejemplo del trabajo de Hiroshi Ishiguro, desarrollada en la Universidad de Osaka en el 2005, Repliee Q1, una androide mujer que adopta los movimientos, la forma de hablar, los gestos, la respiración, la apariencia a una mujer de carne y hueso.
También señaló el ejemplo del proyecto Feelix Growing, donde se buscan desarrollar robots dotados de conciencia de las emociones. Seis países y 25 especialistas en robótica, neurocientíficicos, psicólogos, están detrás de ese proyecto, buscando que los robots interactúen, sientan, aprendan de los humanos a socializar.
Luego puso sobre la mesa una batería de autores de los cuales se sirve para plantear su tema, como Francisco Varela, como Donna Haraway, Hervé Kempf, Marvin Minsky, entre otros. Su preocupación en relación a los límites entre el hombre y la máquina, era subsidiario de otro tema central en su conferencia, como es la cuestión de la identidad. Según ella, No hay UNA identidad de lo humano, en todo caso, la identidad es como un río que corre en un flujo permanente. Estos androides, tienen que entrar para ella, en la denotación de lo humano.
Luego vino el turno de Jorge La Ferla, un especialista en medios audiovisuales, con la conferencia El espectador de cine en la edad media de internet.
Su exposición estuvo llena de ejemplos, experiencias que hablan de la “muerte del cine”. Hizo un repaso de algunos cineastas que conectan el cine con las nuevas tecnologías digitales, la interactividad y el multimedia, para hacer una lectura crítica de la lenguaje cinematográfico.
Como ejemplos estuvieron Peter Greenaway, el vaticinador de la muerte del cine europeo, con una instalación multimedia que hizo a partir de sus películas, intentando demostrar la no linealidad del cine.
Otro ejemplo es el de la película de Pedro Costa que filma a Jean-Marie Straub and Danièle Huillet durante la edición de Sicilia. Gente que hace cine que está hablando de cine.
Inland Empire, la última de David Lynch, también estuvo como ejemplo de película que rompe con la linealidad fílmica. Una película que se sirve de lo digital (como es el tratamiento que hace con la luz) para producir algo desde un cine clásico.
Y también citó otra película que se proyectó en el Bafici Jour pres Jour (Day after Day) realizada por Jean Paul Fargier en colaboración con Jean Daniel Pollet, donde arma un guión a partir de una catalogación de fotografías que hace Poller, durante sus últimos años de vida. Lo curioso es cómo las imágenes escriben el tiempo.
En definitiva, su exposición llevaba a la idea de que detrás del cine o de cualquier otro dispositivo tecnológico hay alguien que está pensándo y reflexionando sobre ello.
Continúa…