Sentidos de la imagen

Foto: Nick Turpin
Uno de los teóricos que ha prestado especial atención a la relación de la fotografía con la escritura, es el semiólogo francés, Roland Barthes. En el libro Lo obvio y lo obtuso, realiza un análisis del mensaje fotográfico en el que si bien, hace referencia a la fotografía periodística, sus aportes brindan elementos más que suficientes para entender la producción fotográfica en general y, en nuestro caso, la producción de imágenes que circulan en Internet.

En la primera parte del libro, el autor habla de la paradoja fotográfica; con esta frase plantea que la fotografía es un mensaje sin código. ¿Por qué un mensaje sin código tendría que poder interpretarse? Si la fotografía fuera una reproducción mecánica de la realidad, entonces su mera exposición sería un mensaje completamente denotado; es decir, explícito, sin sugerencias ulteriores, sin simbolizaciones que el receptor (espectador-lector) debería interpretar o comprender. Sin embargo, a pesar de la analogía pura de la realidad que la cámara reproduce, muchas veces el resultado observable en la foto difiere notablemente del original. Hay una serie de recursos que el fotógrafo puede utilizar para imprimir sentidos que no están presentes en la realidad encuadrada. Barthes intentó sistematizar estos recursos bajo la denominación de “procedimientos de connotación” que convertirían al texto en apariencia puramente denotado que es la fotografía, por su condición analógica de la realidad captada por un dispositivo mecánico (la cámara), en texto connotado, es decir, en texto que invita a ser interpretado por parte del receptor.

Lo denotado de la imagen o de la palabra escrita se asocian al nivel de lo literal, de lo explícito: una foto muestra la imagen de un hombre vestido con una túnica, la cabeza cubierta con un manto sujeto por una cinta; un plano medio corto lo muestra de perfil, el hombre mira a la multitud que asiste a un acto público con expresión neutra; a su lado, otro hombre se dirige a él, lo mira, parece de su confianza; es tomado desde el mismo plano corto. Lo único que puedo entender como lector de la foto es: “si este hombre lleva túnica y la cabeza cubierta en un acto multitudinario puede ser una autoridad gubernamental de un país de Oriente; leo el epígrafe de la foto que aclara que se trata de Anwar El Sadat, el ya fallecido político egipcio; el epígrafe ofrece datos sobre fecha y lugar del evento. Sin embargo, el fotógrafo captó una pose, una actitud, probablemente en el instante adecuado o “el instante único”, recordando la feliz frase de Henri Cartier Bresson. Y, entonces, esa mirada de soslayo del acompañante de Sadat, asociada a la gestualidad de su boca, pasan a leerse como “posible animadversión”, “lo traicionará”, etc. Lo cierto es que ese hombre, ministro de Sadat, al poco tiempo fue denunciado por conspirar contra el gobierno. Si miramos la foto, hay algo más que el mensaje denotado “dos hombres asisten a un acto público”, habría un elemento de connotación, de sugerencia de un sentido más profundo: “es una mirada traicionera”, etc.

Los procedimientos de connotación Barthes las sistematizó en seis: trucaje, pose, objetos, fotogenia, esteticismo, sintaxis. Algunas de estas operaciones, pensadas en su momento para analizar la fotografía periodística, hoy cobran relevancia en el mundo digital, donde la producción de imágenes fotográficas es una práctica cotidiana de participación en las redes y donde también contamos herramientas que nos permiten manipular las fotos desde cualquier computadora o dispositivo móvil de uso personal.

Las tecnologías para edición fotográfica ya no están centralizadas en los medios masivos de comunicación, ni son utilizados exclusivamente por profesionales. Su uso se ha extendido con los nuevos medios digitales a jóvenes y adultos interesados en posproducir sus registros visuales. Las tecnologías para realizar estas operaciones de manipulación de la imagen son sencillas y en algunos casos gratuitas.

En este sentido, los procedimientos de connotación de las imágenes de las que habla Barthes, hoy se utilizan a diario en las redes, donde conviven prácticas profesionales y amateurs. Por ejemplo el trucaje que es la modificación de materiales originales a partir de varias imágenes compuestas o aplicación de edición digital para obtener un mensaje diferente de la imagen, es muy utilizado en las redes para la producción y viralización de memes.

memeNik Los memes corresponden a imágenes de la cultura popular (imagen fija del fragmento de una película, fotografías conocidas, íconos culturales) sobre la cual se monta otra imagen, y en algunos casos, además un texto que hace referencia a algo que fue noticia en los medios a nivel local o internacional. Casi siempre, son apropiaciones y resignificaciones irónicas o paródicas de la situación.

Otro procedimiento de connotación de la imagen es el de la pose. Por lo general apela a estereotipos o actitudes tipificadas socialmente que se transmiten mediante la imagen. Las selfies, por ejemplo, son un ejemplo de una pose extendida y que hace referencia a un género visual como es el autorretrato, o más específicamente la autofoto. La boca como trompita, la cabeza levemente inclinada, el uso de los lentes, son algunos de los gestos más frecuentes de este tipo de autorretrato en las redes sociales. Otros son los objetos, y se refiere a todos aquellos que rodean a la persona fotografiada o la simple disposición de los objetos en un espacio sin personas puede ser significativa. En este punto, es interesante revisar el trabajo de investigación que lleva adelante el teórico Lev Manovich a través del proyecto Selfiecity, sobre el estilo de los retratos que circulan en la red social Instagram alrededor del mundo. El proyecto está planteado en 5 ciudades: Bangkok, Berlín, Moscow, New York y Sao Paulo, para buscar entre cientos de miles de fotos, patrones en las selfies. Se puede explorar el proyecto en selfiecity.net.

selfiecity-600El esteticismo o el retoque de la imagen, también es utilizado en las fotografías digitales. Un ejemplo en este sentido, son los filtros que proponen aplicaciones móviles como Instagram, para generar otros efectos sobre la imagen (envejecido, sepia, negativo, saturado, desenfoque, etc). El formato cuadrado de las fotografías de Instagram recicla los formatos producidos por las antiguas cámaras Kodak Instamatic o las Polaroid, soportes privilegiados para realizar fotografías urbanas en forma instantánea.

Y, por último, también el concepto de sintaxis, noción que remite a narración a través de la o las fotografías. Es un recurso que hoy se utiliza mucho en las presentaciones o videos sobre un tema.

Con todo, podemos decir que este procedimiento de connotación abre la lectura de la imagen para encontrar en su propia composición nuevos sentidos. Del mismo modo, las fotografías apelan al texto escrito para darle a la imagen otro efecto de connotación. Barthes analiza la fotografía de prensa y los significados que aporta el lenguaje verbal para comprender la imagen.

En el libro Lo obvio y lo obtuso,Barthes considera que detrás, debajo o alrededor de una imagen siempre hay lenguaje verbal. No cree apropiado hablar de una cultura de la imagen.

“Somos todavía, y más que nunca, una civilización de la escritura porque la escritura y la palabra son siempre términos completos de la estructura informacional”… “El texto constituye un mensaje parásito, destinado a connotar la imagen, es decir, a uno o varios significados secundarios. En otras palabras, y eso representa un vuelco histórico importante, la imagen ya no ilustra la palabra; es la palabra que, estructuralmente, es parásita de la imagen.”

En este aspecto sigue siendo importante el aporte de Barthes. En principio, realiza tres observaciones que pueden servir como disparadores para analizar la relación que tiene la imagen y la escritura en la cultura digital.

En primer lugar señala que, antes la imagen operaba como parásito del texto y que actualmente el texto es parásito de la imagen. Con esta metáfora, refiere a que en tiempos anteriores a la masificación de los medios, la ilustración era comentario al margen del texto; quizás, le imponía un sentido, pero el texto dominaba la página del diario, la revista o el libro. Actualmente, hasta las enciclopedias imponen el predominio de la imagen y el texto verbal opera como anclaje de la imagen.

Barthes se basa en la polisemia propia de la imagen, que por impactar directamente en el inconsciente del receptor, induce al espectador a interpretar muchos sentidos posibles. Esa multiplicidad de sentidos que la imagen dispara en la mente del espectador-lector (a ellos se refiere como “cadena flotante de significados”) se fijan, se anclan, a través de un texto breve que puede ser el epígrafe en la foto de prensa o de la imagen que acompaña un mensaje de Twitter, o en el muro de Facebook, etc. A veces para el epígrafe de una imagen se utilizan los códigos lingüísticos de la red, que son los hashtags o etiquetas (acompañadas del signo numeral delante) y que cumplen la función de contextualizar a la imagen, y de otorgarle datos, información que las inscribe dentro de un conjunto de fotos con similares características. Por ejemplo, el hashtag #selfie que comenzó a utilizarse en la red social Instagram por primera vez en enero del 2011 por el usuario Jennifer Lee. A partir de ahí la autofoto publicada en las redes se etiquetan bajo esa misma categoría.

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