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La experiencia de la enseñanza

Acabo de leer una columna de Tomás Abraham en perfil que me ha gustado mucho y amerita comentarios.

Comparto su diagnóstico, el estado de situación de la educación universitaria, la falta de código entre docentes y alumnos, el deterioro de la enseñanza, la apatía de los alumnos, la tortura docente, las posibilidades de la web como herramienta de trabajo, y demás.

Me identifico con su necesidad de renovar las estrategias con que se enseña la filosofía (que podría aplicarse a las ciencias sociales). Creo que la única forma de dar filosofía es acercarla a los problemas de la cultura contemporánea. La filosofía como sistema o relato monocorde de la historia de las ideas, es una empresa estéril. Coincido en que la pasión por lo que uno enseña es un ingrediente fundamental para dar clases. La predisposición a conectar mundos, autores, a tejer conexiones con otros campos de la cultura da mayores beneficios.

Con los años cada vez se va haciendo más fuerte la idea de que más allá e independientemente de “lo que haya que enseñar” está en enseñar “cómo a uno le gustaría que le enseñen esto o aquello”. Cuando uno entiende eso, es cuando el enseñar se convierte en una actividad donde está cómodo y entusiasmada con lo que hace.

Los mejores resultados como docente de filosofía los tuve cuando articulé todo un programa con cine y literatura, o cuando los conecté con temas de la agenda mediática. Y no me olvido los comentarios de los alumnos de 5to año de una escuela media en la ciudad Buenos Aires. Uno me dijo, sobre fin de año, que se había interesado por la filosofía porque le había enseñado a bajar un video de youtube, otro me dijo que le gustó porque los hacía pensar, otro porque mirábamos películas en clase. Todo eso hace que piense que la filosofía -como la tecnología -, es una excelente herramienta, una llave para hablar, reflexionar, indagar, problematizar, aprender de otras cosas. La mejor manera de aprender filosofía es irnos de la filosofía, para volver a ella desde otro lugar.

Tengo gente que me conoce desde hace varios años, cuando estudiaba en la universidad. Cuando los veo me preguntan cómo pasé de la filosofía a trabajar en tecnología. Algunos de ellos pasan mucho tiempo investigando y/o enseñando la noción de esencia en Platón, o cosas por el estilo. Respeto y admiro la pasión con la que se dedican a eso, pero a mí no me va. Para mí la filosofía es otra cosa.

Jean Pierre Vernant

Mientras preparo las clases para comenzar con los cursos de ingreso en una Universidad, caigo en la cuenta que este mes se cumplió el primer aniversario de la muerte de Jean Pierre Vernant, un historiador y antropólogo francés, cuyas obras sobre el mundo griego son de cabecera para los que nos dedicamos a la enseñanza de la filosofía. Su pensamiento devuelve -hacia la década del 60 del siglo pasado-, una mirada renovada de los orígenes de la racionalidad griega.

Arte y entornos virtuales

Terminó el seminario El factor humano en las ciberculturas que comenzó el martes pasado en Espacio de Fundación Telefónica.

Ayer estuve charlando con una de las conferencistas del evento, Ileana Hernández García, quien, desde el Departamento de Estética de la Universidad Javeriana de Bogotá Colombia, viene trabajando con una mirada renovadora de la estética contemporánea, en el cruce de la ciencia, el arte y la tecnología .

Detrás de esta idea de convergencia de la estética y la ciencia, rastrea distintos proyectos artísticos recientes que usan la tecnología para construir entornos virtuales, y que están involucrando en sus experimentaciones, cuestiones que tienen que ver con la física einsteniana, la teoría del caos de Lorenz, la teoría fractal, la mecánica cuántica de Heisenberg. Esto aparece desarrollado en su libro, Mundos virtuales habitados: Espacios Electrónicos Interactivos, que muy gentilmente me regaló la autora, y que ya comencé a leer con gusto.

Una de las razones por las cuales ella encuentra posible la convergencia entre ciencia y arte, y que me pareció acertado, es que en un momento donde “lo real” se cae, donde ambos campos, el artístico y el científico, no trabajan más sobre una idea de realidad representada como un todo preexistente, sino que crean y experimentan con otras realidades, con otros mundos posibles.

En cuanto a O_PERA, las instalaciones que se exhiben en el Espacio, y que forman parte del proyecto de las artistas brasileñas, Daniela Kutschat y Rejane Cantoni, es uno de los casos que ejemplifican claramente su línea de investigación. Ayer dió una conferencia, donde analizó la obra, y de qué manera están en ellas implicadas la teoría einsteniana y la teoría del caos. Hizo una recorrida muy trabajada por las distintas instancias del proyecto, teniendo en cuenta que se extiende en el tiempo, que una narrativa que va de la primera a la cuarta dimensión.

Una presentación de lujo, que renueva la mirada sobre del arte y las tecnologías.

OP_ERA es una herramienta de experimentación multisensorial pero también intenta indagar conceptos abstractos como el de espacio y tiempo.

El positivismo en este blog

Cuando en Diciembre de 2005, uno de los primeros posts que escribía era el Positivismo en América Latina (a partir del texto de Oscar Terán) no imaginé que un año y medio más tarde sería una de las entradas más visitadas de la bitácora. Yo cuando miro esos viejos escritos no hago más que pensar el puente que se tendió entre el pensamiento latinoamericano (que formaba parte de mis intereses iniciales) y las tecnologías digitales que están en el corazón de las actuales preocupaciones. Un itinerario larguísimo!!

Y dentro de un par de meses festejamos nuestro segundo aniversario! 🙂

El positivismo en América Latina

La fuerza que el positivismo tiene en Argentina -y también en Latinoamérica- a fines del siglo XIX, remite al proceso de formación del Estado nacional. El liberalismo del período independentista, a partir de los 80 se ve reforzado por el positivismo comteano y spenceriano a los efectos de pensar un país ordenado e integrado.

Es en esta instancia donde la ideología positivista cumple “un papel hegemónico, tanto por su capacidad para plantear una interpretación verosímil de estas realidades nacionales cuanto por articularse con instituciones que -como las educativas, jurídicas, sanitarias o militares-tramaron un sólido tejido de prácticas sociales en el momento de consolidación del Estado y de la nación. De hecho, la incorporación más plena al mercado mundial y las tareas de homogeneizar las estructuras sociales para tornar gobernables a países gobernantes a países provenientes del período de enfrentamientos civiles pos-independentistas coincidieron con una etapa de centralización estatal y con la penetración y difusión de la filosofía positivista.”(véase Terán. Positivsmo y nación)

Es un momento también en el que la incorporación de las economías del subcontinente al mercado capitalista mundial, tanto en la Argentina como otros países latinoamericanos, generan conflictos y tensiones donde confluyen distintas ideologías que dan su propia versión de la realidad. Si bien, es la ideología positivista la que constituye la matriz mental dominante en el período 1880-1910, surge también en el terreno político cultural una crítica a la expansión del orden industrial burgués con el modernismo espiritualista.

Luego nos detendremos a hablar de este movimiento cuando desarrollemos el pensamiento de Ingenieros.

De cualquier manera, es el discurso positivista quien mejor interviene en la tarea de hacerse cargo de la invención de un modelo de país, como de explicar los efectos no deseados del proceso de modernización en curso. En la diagramación del modelo bajo la matriz positivista, las instituciones tienen un rol fundamental en el proceso de centralidad del Estado; las mismas “trazan el límite en cuyo interior se asimilarían los sectores integrables a la modernidad, en tanto que la variable coercitiva operaría también institucionalizadamente expulsando de él las fracciones pre o extra capitalistas renuentes a incorporarse a la estructura nacional”.

Pero este modelo de país no puede trasladarse en forma mecánica a todo el territorio americano. El mismo encuentra trabas u obstáculos a la hora de implementarlo, y abre en el mismo discurso positivista un segundo eje temático destinado a explicar lo que Real de Azúa llama los males latinoamericanos. Estos males latinoamericanos están relacionados a la presencia en algunos países como México, Bolivia y Perú de un fuerte componente indígena, como también a la presencia en países como Argentina, Uruguay por una significativa masa inmigratoria.

Todas estas trabas, impiden hablar del positivismo latinoamericano como un proceso homogéneo, de desarrollo idéntico en todo el territorio latinoamericano. En cada país del continente este discurso fue tomando distintos matices de acuerdo a las características propias de la realidad.

En el caso de Argentina, la presencia de una gran masa inmigratoria -efecto inesperado de la implementación del proyecto de 1880-, pone en peligro la estabilidad de la gobernabilidad por lo cual, intelectuales positivistas como Ramos Mejía, Agustín Alvarez, Carlos Octavio Bunge y José Ingenieros entre otros, tomaron para sus obras el tema del “fenómeno multitudinario” como eje central sobre el cual replantear el problema nacional.

De los autores citados, consideramos mas significativas las figuras de Ramos Mejía e Ingenieros. Ellos son los que mejor ilustran el aporte que la mirada biologicista hace sobre el discurso positivista a la hora de replantear la cuestión nacional. Y en el caso de Ingenieros, la mirada comteana y spenceriana se cruza a su vez con otras líneas teóricas y políticas como el economicismo marxista, el modernismo esteticista, el antiimperialismo político.

Hacia las primeras décadas del siglo XX, la ciudad de Buenos Aires había perdido las características de ?gran aldea?, para transformarse en una ciudad moderna y cosmopolita a raíz de la llegada masiva de los inmigrantes al país.

Esta modernización trae nuevos conflictos sociales que agudizan otros que ya estaban latentes. Por un lado, la conformación de nuevos sectores populares urbano ?en su mayoría formado por extranjeros- comienzan a exigir atención por parte del Estado y de los sectores dirigentes. Y por otro lado, el mercado de trabajo ?moderno?, irá conformando en el seno de la clase obrera nuevos movimientos de masas, ligados a las ideas anarquistas y socialistas.

Todas estas situaciones generan una gran tensión, y en muchos casos terminarán en enfrentamientos violentos.

El problema de la nacionalización de las masas y su relación con la ‘cuestión social’ es clave en este momento. Y a esto puede sumársele el reclamo que se venía haciendo desde 1890 al sector oligárquico por parte de la Unión Cívica, en reclamo de la ampliación del poder político.

En respuesta a esta problema, aparece la necesidad dentro las elites dominantes de encauzar estos conflictos a través del Estado, en la medida que éstas ven al inmigrante como un elemento disgregador de la sociedad. Y las formas que utilizan para resolverla son, coactivamente, a través de la Ley de Residencia de 1902 y la Ley de Seguridad en 1910; y a través de las instituciones de “captación” como ser la Asistencia pública, el sistema de educación común se trata de minimizar el conflicto.