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Figheras: la fotografí­a como práctica en red

Texto publicado en la Revista Plus (Chile), edición número 7. Sobre la obra del fotógrafo argentino Fer Figheras, mas una conversación con el autor. (Texto original)

Nació en Comodoro Rivadavia, en Argentina, el 25 de septiembre de 1970, pero vive en Santo Domingo, en República Dominicana, desde el año 2006. Allí dicta talleres de fotografía abiertos a la comunidad. Uno de ellos, que diseñó especialmente para disminuidos visuales, rompió con moldes y prejuicios sociales. En el tiempo libre viaja por la isla en busca de nuevos escenarios para su obra. Sus trabajos han sido expuestos en decenas de galerías y centros culturales, pero su hábitat natural es el ciberespacio [ferfigheras.com.ar].

Inició su carrera en Rosario, una ciudad del interior de la Argentina conocida por la proliferación de propuestas culturales. En la “San Franciso austral”, estudió Fotografía en el Instituto Superior de Educación Técnica Nº 18. Pero su pasión por las artes visuales empezó mucho antes, a los 13 años, cuando todavía era Fernando Figueroa y pasaba el tiempo mirando al padre de un amigo mientras revelaba y copiaba fotografías en un estudio.

Un artista nato que siempre tomó a la fotografía como una herramienta de supervivencia a distintos contextos que le ha tocado atravesar. Cuando el siglo XXI llegó también para Figheras, comenzó a producir imágenes con dispositivos digitales y a explorar nuevos caminos que modificaron su práctica. Es pionero en América Latina en la utilización del videoblogging, orfebre de la posproducción y convencido de las licencias copyleft para la difusión de sus obras.

En digital y videoblog

En el año 2005, las herramientas Web 2.0, plataformas abiertas y participativas centradas en los usuarios, como los wikis, blogs, canales de video y repositorios de imágenes, comenzaban lentamente a penetrar en la vida social y cultural de los argentinos. Algunos intelectuales y artistas, como por ejemplo, Gustavo Romano se animaban a experimentar a través de los blogs una relación más interactiva con su público y un tiempo de producción diferente al que los sometían la industria editorial o las instituciones del arte. Entre ellos Fer Figheras, que comenzó su Vlog ese mismo año, causando tanto interés de otros artistas como revulsión en los claustros académicos locales vinculados con la producción multimedia.

Los videoblogs fueron formatos que llegaron con la evolución del blog, asociados a la emergencia y masificación de dispositivos portátiles (cámaras digitales compactas y teléfonos móviles) que permitieron a los ciudadanos contar con medios propios para registrar en todo momento acontecimientos de la vida privada y pública, para luego publicarlos en Internet. El crecimiento exponencial de esa actividad vino con Youtube en el 2006, uno de los principales repositorios audiovisuales más importante de esta década, que tiene hoy más de 400 millones de usuarios compartiendo sus videos en línea.

El proyecto del Vlog de Figheras consistió en utilizar la tecnología portable y canales de distribución gratuitas para contar pequeñas historias en formato audiovisual. Bien al estilo Roberto Jacoby, el mentor del Proyecto Venus, Figheras supo aprovechar las herramientas disponibles y utilizarla de la mejor manera. Contó con reglas claras que le permitieron organizar la propuesta desde el comienzo: producir con una cámara digital un video semanal en un minuto con el objetivo de relatar pequeñas historias, que terminaron siendo fragmentos de su propia vida cotidiana. Mientras Romano en Buenos Aires tomaba todos los días fotos de los objetos que llevaba en sus bolsillos [proyecto del 2004 Pocketblog], Figheras a trescientos kilómetros de distancia, hacía lo suyo con videos.

La propuesta, aunque a priori parecía aislada, rápidamente encontró espacios de intercambio cultural, a través de una red de personas conectadas virtualmente en distintos lugares del mundo hispanoparlante, que compartían los mismos intereses. Y en un tiempo escaso, esos ejercicios de estetización de la vida cotidiana, esas formas emergentes de interacción social, tomaron cada vez más importancia como parte del proceso creativo de Figheras, Romano, y muchos otros, al mismo tiempo que se convirtieron en los motores de su producción artística.


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    Catedral de Nuestra Señora del Pilar en Zaragoza, España.

Yuyanapaq. Para recordar (y recomendar)

1 PREcareta014-1*Ayacucho, 1982. Foto: Oscar Medrano. Revista Caretas. (Fuente)

“Un pueblo sin memoria es un pueblo sin destino”[Beatriz Lucero Merino]

En unos de mis viajes al Ministerio de Educación aproveché para pasar por el Museo de la Nación que queda a pocas cuadras de ahí­, en el distrito limeño de San Borja. Si bien tiene cerradas la mayorí­a de sus salas por reforma, algunas están habilitadas. En el sexto piso se puede visitar la exposición fotográfica Yuyanapaq. Para recordar.

Quedé impresionada con el archivo fotográfico y la curaduría de la muestra. El recorrido histórico que va de 1980 al año 2000, muestra el conflicto armado interno que terminó con la muerte y desaparición de 69.000 personas en el país. Se exhiben casi 200 imágenes como resultado de la investigación realizada por la Comisión de la Verdad y Reconciliación de la Defensoría del Pueblo en base a 90 archivos fotográficos provenientes de distintas fuentes: medios gráficos, agencias de noticias internacionales, fotógrafos independientes. Entre los últimos se destacan: Vera Lentz, Jaime Rázuri, Mónica Newton, Alejandro Balaguer.

No dejen de visitarla los que están de paso por esta ciudad costera, los que le gusta la fotografía, y también los interesados por entender una parte del pasado oscuro del Perú. Se las super recomiendo.

3604532125_5eac9f0ec1_b* Lima, 1980. Foto: Carlos Bendezú, Revista Caretas. (Fuente)

18 PRInchapp043* Ayacucho, 2000. Foto: Nancy Chapell. (Fuente)

Aire

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Dorothea Lange, 1938. MOMA, NYC.

Arte + Arte

Donde en otro momento funcionaba los estudios cinematográficos Sono Film Argentina, hoy es la Escuela de Cerámica #1 de Almagro. Es un lugar donde, extrañamente, la amplitud y la calidez del espacio conjugan perfectamente. Es tan agradable que no me aguantaba más sin fotografiarlo.

Fachadas

Jimena Passadore, fotógrafa y diseñadora gráfica, a quién conocí hace un par de semanas, tiene un trabajo fotográfico que me gustó mucho (entre otros) de la ciudad de Rafaela, sobre la intervención gráfica en la arquitectura del lugar. Creo que me gusta porque me devolvió un sentido diferente recontextualizado de esa ciudad que tanto transité durante mucho tiempo y que el afecto a veces no deja ver. (blog+flickr).

El poder de las imágenes


En clases de maestría se discutió sobre el tema el poder de las imágenes, a propósito de Louis Marin y su “teoría de la imagen”. Para Marin las imágenes se muestran en su opacidad y su transparencia. Transparencia en tanto designan algo por fuera de ellas mismas, y opacidad en cuanto tienen la capacidad de remitirse a sí misma, adquirir vida propia, y capaces de producir efecto alguno.

El mejor caso para explicar la opacidad de las imágenes es el correspondiente a la eucarística cristiana. La ostia, por ejemplo, es una imagen que habla por sí misma. No designa objeto alguno, sino que a través de la imagen se presenta la representación del cuerpo de cristo.

La fotografía por ejemplo, parece ser de las artes la más transparente de todas, una ventana a la realidad. Sin embargo, muchos de sus artistas han remado contra esta concepción refleja de la imagen fotgráfica, buscando opacarla. Entre los múltiples ejemplos del caso, podemos citar a Rosangela Rennó (fotógrafa brasileña) y su trabajo sobre fotografías de álbumes familiares y archivos, quien interviene sobre el material a través del color.

En las fotografías las hombres o niños con uniforme militar o con vestimenta de inspiración marcial, las somete a un proceso de saturación, llevando la imagen a un color rojo. Y el color rojo sobre el cual descansan las mismas busca el efecto contrario del blanco, llevar al límite la invisibilidad de la imagen.

De esta manera la imagen deja de referir algo por fuera de ella misma para adquirir sentido por sí misma.

En relación a este tema del poder de las imágenes, y en el marco de los actuales debates en Buenos Aires sobre la ‘vuelta a la política’ de la escena artística argentina, Laura Malossetti Costa, escribe un artículo Artes de excluir, arte de incluir publicado en la Revista Todavía en abril pasado, donde trabaja las reapropiaciones y resignificaciones de obras clásicas del arte local, que artistas jóvenes siguen haciendo en sus trabajos recientes, como es el caso de la pintura “Sin pan y sin trabajo” de 1894 realizada por Ernesto de la Cárcova.

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La fotografía documental


Rosangela Rennó (1962- Belo Horizonte) fotògrafa brasileña, que actualmente vive y trabaja en Rio de Janeiro.

Su obra se centra fundamentalmente en la apropiación de la fotografía documental. Utiliza los materiales de archivos, de los albumes familiares, de sus viajes por el mundo, las somete a manipulación, para buscarle un nuevo sentido.

Su trabajo sobre el “retrato burgués”, lo hace fundamentalmente a partir del color. En La Serie Roja (2001 – 2003), obra basada en fotos de militares recogidas de albumes familiares, de distintos países, de adquisiciones en mercado de pulgas, la autora trabaja digitalmente con el color rojo.


En las fotografías se ven hombres o niños con uniforme militar o con vestimenta de inspiración marcial. Y el color rojo sobre el cual descansan las mismas busca el efecto contrario del blanco, llevar al límite la invisibilidad a partir de la saturación.

Los retratos de hombres y niños uniformados que originalmente eran para resaltar la vanidad masculina, aquí en cambio, al ser saturados por el rojo “sangre”, crea una nueva discursividad donde la historia de estos personajes convive en una violencia latente.

Su trayectoria artística comprende también una investigación en el archivo del servicio penitenciario de San Pablo, donde, a partir 15.000 negativos en placas de vidrios desde 1920 hasta 1940, registra aquellas fotos en las que aparecen las nucas de los presos o donde los mismos muestran sus tatuajes, sus “marcas”.

Y en su obra Landscape, “identidad en juego” trabaja con la metáfora de la desaparición (tema que los países latinoamericanos tienen una larga historia), es un enorme collage de negativos fotográficos superpuestos de rostros anónimos. La identidad de estos retratos fantasmales, sacados de archivos íntimos, se ha perdido, ha sido borrada por la historia.

La discusión que pone en juego la obra de la brasileña, es la íntima convivencia de lo privado y lo público, y el papel que cumple la fotografía como archivo.

Contra la amnesia social, su obra vuelve reiteradamente sobre la historia para hacer un reconstrucción de la memoria sobre textos nuevos.